COMENTARIO EN AMAZON

Por fin uno de los lectores de "Carao" ha decidido escribir un comentario, lo que agradezco enormemente. No tiene nombre y parece que fue comprado en Estados Unidos.


ISBN 978-163503006-8
En los interminables llanos inundados de agua y de sol en el corazón de Suramérica solo podemos imaginar una figura humana posible: la de un vaquero que acompasa el movimiento con el de su caballo. Este vaquero puede ser Mario, nuestro protagonista, que se enfrenta a los poderes fácticos para defender el Pantanal, o puede ser Cristino, a quien los estancieros brasileños declaran "hombre muerto" por "entropar" su ganado con el que lleva a vender.

Un perro perdido en los pantanos es al mismo tiempo víctima potencial de jaguares, pumas, pirañas, anacondas y víboras y espectador de la lucha por la vida; una lucha en la que, quiera o no, debe participar.

La niña indígena vendida por sus padres encuentra en el conocimiento del Pantanal un aliado para lo que, de la noche a la mañana, se ha convertido en su única misión: librarse del hombre que la fuerza y la maltrata sin piedad.

El cooperante español nunca podía haber imaginado que en su labor de conservación se convertiría en testigo de hechos y posiciones que le harían replantearse sus ideas más enraizadas.

EL PANTANAL EN NATIONAL GEOGRAPHIC

En este enlace, entre las diapositivas 60 y 81 se despliega el fantástico trabajo de Eva van den Berg sobre el Pantanal, con fotografías espectaculares de Olivier Grunewald, publicado en la revista National Geographic España de mayo de 2016.



AQUÍ MANDO YO

Oí esta mañana a Maduro y me pareció volver en el tiempo y en el espacio al Pantanal de los tiempos de Mario. El tono. La amenaza. Aquí mando yo.

Mario se sorprende al entrar en el salón del Concejo Municipal y encontrarlo tan lleno que algunas personas deben asistir de pie junto a las sillas colocadas para el acto. No le sorprende, sin embargo, que algunos conocidos contesten con renuencia a su saludo, teniendo en cuenta las palabras del locutor de radio aleccionado por las autoridades locales: «Movilicemos todas las fuerzas vivas de la ciudad para botar de una vez a esta gentuza que se opone a nuestro desarrollo…».  Y allí están los que conforman esa «gentuza»: representantes de las ONGs ambientalistas, del Parque Nacional y él mismo, sentados en primera fila como en un banquillo de acusados. Y allí están, también, las fuerzas vivas, en las personas de los dirigentes de pescadores, comerciantes, ganaderos, del ejército, de los campesinos…


Mario no se deja afectar por el ambiente, ni por las palabras del presidente del Concejo, ni por las del presidente del Comité Cívico, ni por los gritos que algunos de los presentes lanzan en su contra cuando se le menciona, ni por las intervenciones de los representantes de colectivos, que «apoyarán cualquier decisión que se tome», remarcando amenazadoramente las palabras «cualquier decisión». Aunque casi todos son mayores que él, Mario ha jugado al fútbol con muchos de ellos, se ha peleado, ha hondeado pájaros con ellos, los conoce desde siempre y su supuesta categoría actual como autoridades no le impresiona.

Para los restantes miembros de la «gentuza que se opone al desarrollo regional» resulta más amedrentador: deben sopesar bien las consecuencias de este acto, pese a que sea más teatral que otra cosa. Algunos, quizá con una visión más amplia, se encuentran tranquilos ante quienes solo consideran representantes de una pequeña población de quince mil habitantes, mientras que otros sufren el efecto del aislamiento que les hace magnificar el poder de las autoridades locales.

Tras las acusaciones y amenazas más o menos veladas, le toca el turno al alcalde para representar su papel de elemento conciliador, rebajando el tono hasta un tirón de orejas que trata de dejar claro, no obstante, que si hay una próxima vez será peor. No quiere oír ni una palabra más en contra del desarrollo del pueblo.

A muchos no les hace gracia ver cómo Mario, al finalizar este «juicio civil sumarísimo», se desmarca de los demás «acusados» y se retira con una sonrisa lobuna. (Pág. 258 -9)

NEGOCIADOR EN BOLIVIA: TRABAJO DE RIESGO

El asesinato del viceministro Illanes cuando intentaba negociar en una protesta de mineros cooperativistas me ha traído a la memoria dos pasajes de «¡Carao! Pantanal». Parece que las cosas no avanzan mucho en Bolivia.

De vuelta tras las navidades en Madrid, ya en Santa Cruz, los ve cuando la manifestación pasa por la plaza en silencio. Son unos cientos de collas que avanzan, hombres y mujeres, como una masa imparable; campesinos que bajaron a los llanos y que ahora reclaman algo al gobierno departamental. El silencio de la masa es amedrentador. El cooperante siente cómo se le eriza el vello observando los rostros impasibles, impenetrables, la mirada dura de los quechuas, o aimaras, o ambos. Siente la impresión de que es gente capaz de hacer lo que se proponga a base de determinación, capaz de no sentir el cansancio, el dolor, el frío… Capaz, piensa, de matar o morir sin un pestañeo. No es un pensamiento lógico, solo una sensación que se le quedará grabada para siempre. (Pág. 295)

La situación se recrudece: alguna autoridad local tilda al presidente de la nación de «colla de mierda» en las locuciones radiofónicas; los ministros enviados por el gobierno para negociar son vejados y retenidos bajo amenaza.
El cierre de la frontera y los medios de transporte deja atrapado a gran número de viajeros en la zona, que ven cómo ante la imposibilidad de continuar viaje, las habitaciones duplican y quintuplican su precio habitual, al igual que los menús de hoteles y pensiones.
La porción de la población que vive al día, que debe obtener del trabajo diario la posibilidad de comer una jornada más, mayoritaria en esta frontera, comienza a resentirse sin encontrar la fuerza para protestar por el paro decidido unilateralmente por las autoridades.(Pág. 199)

Lamento mucho este asesinato y le deseo que descanse en paz.